martes 22 de febrero de 2011

Televisiones 2: El hombre y la tierra.

1. Galapagos.

El punto de partida de todo esto está en Galápagos (Kurt Vonnegut); historia que relata la evolución de los únicos humanos que quedan en la Tierra después de una especie de apocalipsis hasta convertirse en focas o en leones marinos o algún tipo animal semejante. A groso modo, lo que hace Vonnegut en Galápagos, es mostrar el punto y las historias que enlazadas nos llevarán al lugar de toda moraleja. Narra el hilo de esos efectos invisibles a partir de los cuales ha evolucionado una situación concreta. Encarcela la naturaleza. Vonnegut monta un zoo para que se quedan quietan las fieras. Impone unos límites a un ámbito de representaciones, mientras nos va sermoneando, con ironía aleccionadora, sobre: la estupidez de la humanidad, y: la gente con cerebros voluminosos, es decir, la inevitable convivencia con su opuesto.
Digamos que lo que hace Vonnegut es devolver al ser humano al Edén Perdido, le libra de su inteligencia por no serle útil. Contrae el universo.
Sobre ese mismo juego de contradicciones reflexiona Félix Rodríguez de la Fuente en un capítulo de El Hombre y la Tierra, titulado El Edén Perdido.
En el Edén Perdido él y su equipo salvan a unas crías de focas del Amazonas de “las temibles manos de unos cazadores furtivos”, y se las llevan a Madrid. Mientras explica su odisea y rescate, las imágenes de la selva se alternan con las imágenes de Félix Rodríguez de la Fuente jugando con las crías dentro de un coche que circula por las calles de Madrid. Dice: ésta selva de cemento. Dice: Modernos carnívoros subacuáticos. Monta todo un alegato lleno de críticas al mundo moderno, el desarrollo, la desconexión del hombre con su entorno natural, la deshumanización, las terroríficas secuelas de la civilización etc., y cuando parece que no podría ser más cargante, empieza a reflexionar, de refilón, sobre su propia tarea (la de filmar el mundo natural), y sobre la manera en la que el ser humano entiende las cosas, y su necesidad de meter en jaulas todo lo que pilla: conceptos, animales, imágenes, etc., y que lo que él hace, al fin al cabo, es meter a los animales en cárceles (imágenes) para hacer reportajes (coleccionables). Félix Rodríguez de la Fuente también monta un zoo, y viene a decir que, nosotros también somos animales, y que como tales, no podemos escapar de nuestra condición, es decir, intentar entender las cosas; enjaular el mundo. Nos ha dicho con humildad algo así: esto es lo único que puedo hacer, meter la naturaleza en imágenes y mostrársela a ustedes, que están tan tranquilos sentados en los sofás de sus casas en sus grandes ciudades, viendo lo que yo he encarcelado en imágenes para ustedes, y en esta ocasión me he visto obligado a meter en una jaula de verdad a estas pobres crías de focas porque nosotros, es decir, ustedes, (es decir, los cazadores furtivos) iban a transformar a estos adorables animalitos en abrigos.
Pero nos suelta el rollo y nos adoctrina, amplia el ámbito de lo humano a una realidad moral y escala en su discurso sobre una serie de equivalencias que van de televisión = cárcel = zoo ≠ circo.
El devenir de las cosas, nosotros que no somos Vonnegut y no podemos apartarnos del tiempo, nos indica que ahora la tele parece más un circo que un zoológico, y que la tónica general (ese menosprecio a la seriedad) es ir al zoo con la misma actitud que se tiene cuando se va al circo. Desde luego que existe una fascinación por el desarraigo (la libertad y esas cosas ¿un afuera de la naturaleza?), y hay circo, claro, pero resulta bastante enervante ver cómo alguien se ríe de algo que no entiende y que, obviamente, no tiene gracia, para que le pillen riendo cuando todos empiecen a reírse de él.
Félix y Vonnegut enjaulan para entender. Dicen: no es una cuestión de estructuras ni de inteligencia. No hay superioridad en la inteligencia; sólo hay un paisaje de necesidades y un juego con las posibilidades.
En el otro lado están los que intentan domarla para montar un espectáculo. Sería algo así: la estructura es la resaca de los obvio: una jaula. Cualquier estructura es una jaula. Puede ser una jaula de zoo o una jaula de circo, pero es una jaula.

2. Hay dos tipos de historias, por lo tanto: circos y zoológicos.

Tengo la impresión de que estas son las típicas cosas que todo el mundo sabe y nadie dice. Algo desagradable, como explicar un chiste que todo el mundo entiende.
Un circo sí que es algo: un espectáculo. En cambio un zoológico no es nada por sí solo (o sí, un paseo) a no ser que te salgas del tiempo (este zoológico) como hace Vonnegut.
La historia casi siempre sucede cuando se abren las jaulas.
1)En el circo: fuera la cuarta pared, y claro, el público sale por patas.
2)En el zoológico. Algunos ejemplos: Parque Jurásico, Moby Dick, Los Pájaros, Alien (pienses cuál es la cárcel en este caso; ¿es casual que Alien 3 suceda en un cárcel?), Calabuch (o mejor, Todos a la Cárcel, como cantaba Calamaro: la vida es una cárcel con las puertas abiertas), Jumanji, Cat People, 1984, La guerra de las salamandras (aunque por momentos se acerque al circo o el freak show), King Kong, Godzilla, La Metamorfosis (en la Metamorfosis no se abre ninguna jaula, creo), Gorilas en la niebla (cualquier biopic), Braindead (todas las historias de zombis), todas las historias de vampiros (ataúdes, jaulas), hombres lobo, todas las historias de superhéroes (aunque se vean obligados a disfrazarse o ponerse la ropa interior por encima, algo un poco como de circo, ¿no?)…
¡Mierda! Estoy pensando en alto.
Es decir: ¿las novelas de Vonnegut son zoológicos o freak shows, y por lo tanto, circos? Pienso en Matadero 5 donde un grupo de extraterrestres observan a Pilgrim y a una mujer desnudos dentro de una jaula, en un zoo. ¿Qué Es Eso?
Puede que la polarización de las historias entre circo y zoo no sea del todo exacta, o que la frontera, a estas alturas, esté más que diluida. Incluso, es más que probable que haya historias que no sean ni lo uno ni lo otro, ni un término medio, ni a veces una cosa y luego otra. Pienso que hay incluso historias que son historias museo, y otras que son parque de atracciones, etc.
He cogido dos cajas de cartón, he escrito ZOO en una y CIRCO en otra, y he ido metiendo libros.
Pero creo que a parte de todos los errores de bulto que ido cometiendo encasillando las historias en circos y zoológico, sí que existe una separación entre historias, y puede que esa separación esté en el inicio de todo esto, es decir, El Hombre y la Tierra. ¿Está el hombre dentro o fuera de la naturaleza?
Entonces respondes: ¿por qué siempre tiene que ser una cosa o la otra?
Y luego sigues: ¿Si la literatura no importa a casi nadie por qué toca a tanta gente? y sigues... ¿Es que acaso el sonido de las olas del mar, o el gorjeo de un petirrojo, son cuñas de la naturaleza, y cada atardecer es un cartel publicitario que nos impulsa a continuar cada día asquerosamente insatisfechos? ¿Puede ser que la naturaleza no sea más que un relamida hija de puta, (o está en nuestros ojos) y es ese su error al presentarse en sociedad? ¿Es la desconfianza parte del protocolo?
Entonces citas: ¿el hombre proviene del tiempo o es el hombre el que lo ha creado?
Prigogine dice: La idea de una omnisciencia y de un tiempo creado por el hombre presupone que el hombre es diferente de la naturaleza que él mismo describe, concepción que considero no científica. Seamos laicos o religiosos, la ciencia debe unir el hombre al universo. El papel de la ciencia es precisamente el de encontrar estos vínculos, y el tiempo es uno de esos. El hombre proviene del tiempo; si fuese el hombre quien creara el tiempo, este último sería evidentemente una pantalla entre el hombre y la naturaleza. (Extraído de Complejidad y Caos, una exploración antropológica, de Carlos Reynoso.)
Y por último: vale, ese el papel de la ciencia, pero qué tiene que ver la ciencia y la literatura. ¿O sí que tiene? Y mucho peor, ¿qué tiene todo esto que ver con Félix Rodríguez de la Fuente?

3. Historias oficiales e historias familiares. Otra aproximación.

Hay dos tipos de historias: las historias oficiales y las historias familiares. A menudo convergen, a menudo divergen. A menudo las historias oficiales divergen entre sí. O, en cualquier caso, las historias oficiales presentan una clara polarización, haciendo que las historias familiares buscan la convergencia con las historias oficiales que les son cercanas. Las historias oficiales precisan de un pacto, aglutinador de las historias familiares, y luego su posterior rozamiento de homogenización, minimización y adaptación a las mayorías. El trato es falso; no dicen nada que sea útil, y las historias familiares pierden su violencia semántica para 1) sobrevivir a las historias oficiales y 2) arrastrar a los individuos que fabrican sus propias historias, sustituyendo al individuo por su contexto, lo cercano, los otros y el todo. Mucho peor; toda personalidad es parodiable, todo está amenazado por la ironía, el cinismo, la banalización. La seriedad no sirve. Esto es un axioma. La seriedad no sirve porque traslada al individuo hasta la gran historia oficial, organizada sobre la seriedad de las partes como grupos. El individuo que está fuera se representa a sí mismo de una forma demasiado visible y doblemente parodiable. No tiene pacto donde cobijarse. La literatura (suma de historias) parecía ser el único lugar donde cobijarse, parodiando y parodiándose, con la estúpida ambición de convertirse en parte de una familia de historias (parodiando otra familia de historias, por conflicto u omisión), y arañándose hasta el acceso a la gran familia de las historias (parodiable que te cagas); es decir, la historia oficial. Descodificado del todo. Está bien, no hay historia oficial, pero la hay. Es aquella que no tiene secretos. Eso que llamamos realidad, un pacto entre todos: quiero pensar que no estoy loco. Porque si me dices que no hay historia, me estás contando una historia que le sustituye. Tanto como decir que no soy, sólo estoy, y yo pensaba que las historias nos permitían ser, y estar justamente donde queremos estar. El problema sería entonces saber dónde queremos estar.
Y yo qué coño sé, ¿verdad? Aproximadamente no tengo ni puta idea.

4. Una conclusión: cajas y mudanzas.

No soy bueno haciendo esto pero soy bueno fabricando cajas. Hago unas cajas muy buenas donde todo entra. También soy bueno metiendo libros en cajas. Los hago coincidir sin dejar ni una pizca de aire entre ellos. Soy bueno haciendo mudanzas, cambiando de opinión, metiendo mis cosas en cajas para irme a vivir a otra casa. Sin embargo no me muevo. Estoy quieto.
Esta historia aún no sabe qué tipo de historia quiere ser. Creo que de momento desenrollarse. Esta historia cree que es una historia personal que quiere convertirse en una historia familiar y dejar nada, una pincelada, una cosa de nada, en la historia oficial. Pero esta historia todavía es una caja vacía. Luego será una caja llena de libros. Entonces dejará de ser una historia para ser una caja. Una puta caja, o dos cajas, qué más da. Para llevar las cosas a otro sitio. Pero claro, no nos vamos a ninguna parte.

5. Otra manera de mirar a un mirlo y fin.

La noche llena de cajas,
llena de mirlos.

Fin de las cajas de cartón. (Charles Bukowski).