Estoy sentado en una ladera. La hierba está hueca y acolchada y el aire hace mover las hojas de los árboles. La tormenta se aproxima. N1 está debajo mirando por el objetivo de la estación de topografía, como un viejo fotógrafo, en medio de un camino de piedra color vainilla. Me levanto cuando N1 gira la estación en mi dirección. Me coloco detrás del trípode. En lo alto del trípode hay un prisma naranja enmarcado por cuatro triángulos amarillos que apuntan con uno de sus vértices al centro del prisma. Mi cara está detrás del prisma. Abajo, L-3 fuma, sujeta una lanza con un prisma en lo alto como si fuese Indiana Jones o algo así. N2 corre con un trípode siguiendo la curva del camino. N1 dice: ya está. Recojo el trípode. Lo desclavo, dejando tres marcas en la tierra como tres tupés de hierba. Abrazo el trípode y bajo la ladera. Caen las primeras gotas. El camino se va convirtiendo en helado de vainilla descongelado.
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